Tarde de Primavera

Escribía frente a mi computador. Eran las 4 de la tarde, primavera. El calor molestaba sin sombra. El exterior se perfilaba más amenazante que el interior. Estaba concentrado en terminar un trabajo que debía presentar al día siguiente, un ensayo sobre algo relacionado al sonido, ya no recuerdo bien los detalles. Me ayudaba con un ventilador para mantener la frescura necesaria en mi habitación, necesaria para pensar en el sonido y pasarlo a papel. Escuchaba música en una radio de internet. Hubo un momento de pausa en la radio, al pasar de una canción a otra simplemente se quedó en silencio. En la pantalla aparece una pequeña ventana informando que la conexión a internet se había finalizado. No le doy mayor importancia, incluso agradecí la caída de la señal en pos de mi trabajo y concentración. Continué escribiendo y meditando por algunos minutos. Era un ensayo muy importante al parecer, ya no lo puedo recordar. Entonces sucede un pequeño sismo, casi imperceptible. No le dí mayor importancia, para cualquiera que viva en Chile las experiencias sísmicas permiten pasar por alto pequeños movimientos como si se tratase de un llovizna matinal en verano.

Esa mañana había tenido una discusión con mis padres. En un momento mis pensamientos se dedicaron a recrear esa mañana, cuando mis padres me confesaron su malestar por mi constante placer por la fiesta, la noche y el alcohol. En ese momento me molesté, “Soy grande, no soy alcohólico, sé lo que hago! Tan solo me dedicaba a pasar buenos momentos con mis amigos, no hay nada de malo en eso. En la Universidad todos se van de fiesta por un día o dos, es normal”. Al recordar mis palabras me sentí mal, avergonzado. Mi padres no merecían esa respuesta, mi nobleza no se merecia esa negligencia autoinfligida. Me prometí disculparme apenas llegasen a casa. Están haciendo compras de navidad, la cual se acerca con pasos gigantes. Me excusé de acompañarlos citando mi ensayo sobre el sonido y lo importante que era terminarlo lo antes posible. Quizás necesitaban de mi ayuda en las compras y son demasiado comprensivos y respetuosos con mi tiempo para no permitirme terminar mi ensayo sobre el sonido. Cuanto los quiero. Pensé en llamarlos, para saber como estaban o si necesitaban algo, pero me arrepentí. Quizás no sea acertado darles la idea de que no era tan importante mi trabajo. Me tomé una pausa. Me había llevado un vaso con jugo y hielo, pero ya habían pasado más de treinta minutos desde que se me acabó y la sed me desconcentraba. Fui a la cocina. Abrí el refrigerador. Se prende la luz, sacó los hielos. Antes de cerrar la puerta se apaga la luz del refrigerador y el motor deja de funcionar. Cierro la puerta y la vuelvo a abrir, la luz ya no prende. Prendo la luz de la cocina para confirmar mis sospechas. Efectivamente la luz se había ido. Por alguna razón no le dí mayor importancia a ese corte. Saqué los hielos de la cubeta, tres hielos al vaso. Después jugo de naranja, refrescante jugo de naranja. Vuelvo a mi habitación, obviamente el computador apagado. No me preocupé, tengo configurado mi sistema para no perder información en caso de apagones. Es primavera, seguramente el servicio eléctrico volverá en cosa de minutos, sino segundos. Saboreo mi jugo. Me siento mejor conmigo, una disculpa a mis padres los hará sentir mejor, luego les prepararé la once. Mi madre se toma muy en serio la navidad y diciembre en general. Haré lo posible para que pase un buen rato. A mi padre le ofreceré en la noche tomarnos una cerveza. Quizás veamos un partido de fútbol. Esa noche no saldré de parranda. Sería una noche familiar. Me mantenía con la mirada fija en mi computador, esperando que en cualquier momento se prenda la luz verde de la pantalla indicándome que ha vuelto la luz. Demonios, han pasado minutos y aún no se repone el servicio. La temperatura en la habitación empieza a subir, el ventilador. Siento como mi cuerpo empieza a sudar más que antes. Ese tipo de calor me da sueño. Me percato del silencio, una suerte de silencio nocturno. Escucho gritos a lo lejos. Seguramente los niños del colegio que esta frente a mi casa están en recreo y juegan. Cuanto gritan. Fuimos afortunados de no tener un colegio de infantes al lado de nuestra casa.

Ese fue uno de mis últimos momentos de paz. Fue la última vez que viví en el mundo moderno.

Los gritos continuaban. La alarma de un auto empezó a inundar el ambiente. El instinto me dice que algo no esta bien. Me sentí estúpido, pero tenía un temor que no sabía que pudiese existir. Caminando lentamente me acerqué a la ventana de la sala de estar. Desde ahí se ve el segundo piso del colegio. Una alarma se suma a la que ya estaba sonando. Antes de abrir la cortina me quedo unos segundos quieto. No analizo nada, mi mente en blanco sin poder procesar la información sonora del ambiente. A ratos los gritos van en aumento, aunque se escuchan más lejos que antes. Abro la cortina. Veo a una niña que baja corriendo por las escaleras del colegio. Unos segundos después un grupo de niños y un adulto salen corriendo de una sala y bajan por las escaleras. Entre los barrotes de la escalera algo se mueve, algo que no puedo distinguir con seguridad. Entonces un fuerte golpe en la muralla de mi casa, la muralla que da a la calle. Sonidos guturales por unos segundos. Un perro? Me acerco a la muralla. Camino lentamente, la ventana de arriba esta abierta. Se escucha movimiento al otro lado. Pongo mi oreja sobre la muralla para captar algún sonido. Una presencia, solo eso capto. Después logró distinguir un respiro, como un perro ventilando su organismo. Frente a mi vista y a pocos metros una silla. Trato de moverme con cautela, no hacer sonido alguno. Acerco la silla a una ventana más alejada para no levantar sospecha sobre algo que no tengo la menor idea. Me subo. Las manos las tengo sudadas, las seco pasándolas por mi camisa. Miro.

Un pequeño cuerpo tirado en la calle sobre una gran mancha negra que refleja rayos del sol. Mi corazón se agita en un segundo. Capto un sonido inexplicable desde la derecha. Asomo más mi cabeza. Veo a un hombre que sostiene una cabeza en su entrepierna, se masturba con ella. No comprendo. Vuelvo a ver el cuerpo de la niña. En la esquina alguien pasa corriendo y se pierde entre las casas. El hombre me mira, lo reconozco, es un vecino al cual nunca he saludado. Su rostro no lo puedo describir, pero sus ojos… No se detiene en su tarea y continúa. He perdido la conciencia. No entiendo. Vuelvo a mirar cada detalle sin procesar ningún tipo de información. El miedo me inunda en un segundo, mis reflejos me hacen alejarme de esa ventana sin cuidado. Caigo de la silla.

Cuando despierto es de noche. La oscuridad es la constante. Pequeños reflejos en la ventana. Silencio. Me quedó ahí durante minutos. Vuelvo a cerrar los ojos. Sueño. Qué pasó. Mis padres. Los llamó “Papá! Mamá!”. Nadie contesta, solo el silencio. Toco los bolsillos de mi pantalón en busca de mi celular, no está. Qué había pasado.

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